Aquella algarabía que se podía escuchar desde el pabellón de varones,
solo era comparable con el tremendo holgorio que producían las fiestas
patronales en el mes de Agosto en la capital, en conmemoración del negrito de
la sierrita. Entre silbidos, risas y anécdotas, claramente se resaltaban los sobre
nombres que en forma única utilizaban
los reclusos para identificarse, en lugar de sus nombres propios, parte de un
lenguaje coloquial entre pandillas. Entre los temas de conversación, sobresalía
el más cotidiano del momento: ¿Cuándo llegaría la tan ansiada libertad?. Realmente
era tal el ruido, que nadie pudo presagiar que todo aquel revuelo terminaría en forma sorpresiva
y dolorosa. Desde donde Gabriel, se encontraba oyendo a sus compañeros de
fortuna, no logró escuchar aquellos pasos del viejo militar, quien sigilosamente se
había escurrido desde el puesto de mando hacia el corredor de las viejas
celdas, en donde se estaba realizando aquel festín.